Blow Up, el fotógrafo, el cuento y la película.

Sergio Larraín fotógrafo chileno de la agencia Magnum, caminaba por las calles de Paris haciendo fotos. De regreso en su laboratorio, al ampliar un fotograma una mancha lo distrae, la amplia varias veces y descubre una pareja, contra una pared, manteniendo una relación sexual.

Alguna tarde en un café parisino se lo cuenta al escritor argentino, Julio Cortazar y este escribe un cuento llamado “Las babas del diablo” incluido en su libro “Las armas secretas”.

El cuento se aleja de la escena descripta por Larraín, pero nos habla mucho de la actividad y la vida de un fotógrafo callejero…

«Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños, pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros.

el fotógrafo opera siempre como una permutación de su manera personal de ver el mundo por otra que la cámara le impone insidiosa

podía quedarme sentado en el pretil sobre el río, mirando pasar las pinazas negras y rojas, sin que se me ocurriera pensar fotográficamente las escenas, nada más que dejándome ir en el dejarse ir de las cosas, corriendo inmóvil con el tiempo.

Curioso que la escena (la nada, casi: dos que están ahí, desigualmente jóvenes) tuviera como un aura inquietante. Pensé que eso lo ponía yo, y que mi foto, si la sacaba, restituiría las cosas a su tonta verdad.

Ahora la mujer había girado suavemente hasta poner al muchachito entre ella y el parapeto, los veía casi de perfil y él era más alto, pero no mucho más alto, y sin embargo ella lo sobraba, parecía como cernida sobre él (su risa, de repente, un látigo de plumas), aplastándolo con sólo estar ahí, sonreír, pasear una mano por el aire. ¿Por qué esperar más? Con un diafragma dieciséis, con un encuadre donde no entrara el horrible auto negro, pero sí ese árbol, necesario para quebrar un espacio demasiado gris…

Levanté la cámara, fingí estudiar un enfoque que no los incluía, y me quedé al acecho, seguro de que atraparía por fin el gesto revelador, la expresión que todo lo resume, la vida que el movimiento acompasa pero que una imagen rígida destruye al seccionar el tiempo, si no elegimos la imperceptible fracción esencial.

Antes de que se fuera, y ahora que llenaría mi recuerdo durante muchos días, porque soy propenso a la rumia, decidí no perder un momento más. Metí todo en el visor (con el árbol, el pretil, el sol de las once) y tomé la foto. A tiempo para comprender que los dos se habían dado cuenta y que me estaban mirando, el chico sorprendido y como interrogante, pero ella irritada, resueltamente hostiles su cuerpo y su cara que se sabían robados, ignominiosamente presos en una pequeña imagen química.

Por mi parte se me importaba muy poco darle o no el rollo de película, pero cualquiera que me conozca sabe que las cosas hay que pedírmelas por las buenas. El resultado es que me limité a formular la opinión de que la fotografía no sólo no está prohibida en los lugares públicos, sino que cuenta con el más decidido favor oficial y privado.»

 

Recomiendo leer el cuento completo, también podes leer «Apocalipsis de Solentiname» incluido en el libro «Todos los fuegos y el fuego», otro de los cuentos donde Cortazar hace de la fotografía, parte fundamental de un relato.

Michelangelo Antonioni a partir de esta historia, realizaría en 1966 la película “Blow Up”.

Algunas escenas de la película, especialmente la del parque, se asemejan muchísimo al cuento de Cortazar. El escritor y el cineasta, se alejan de Larrain.

El chileno fotografió una escena sexual, el argentino imagino un posible engaño y el italiano encontró un homicidio.

 

Se trata de la primera película de Antonioni rodada íntegramente en ingles, la primera que muestra el primer desnudo frontal del cine británico, en una pasada de fotografías nos muestra como un vagabundo a Julio Cortazar. El personaje principal está inspirado en un fotógrafo real, ya no se trata del fotoperiodista Sergio Larraín, se trata de un fotógrafo de la revista de modas  Vogue (versión inglesa), David Bailey. Con música de Herbie Hancock, La presencia en un escenario de la mítica banda The Yardbirds (con Jimmy Page y Jeff Beck) interpretando el tema Stroll On, ambientando el llamado Swinging London.

 

Desde lo fotográfico, toda las escenas de la ampliación y reproducción de la imagen, que obsesiona al fotógrafo, son correctas. No se apartan de la técnica real. Algo que no sucede en la mayoría de las películas que nos cuentan de fotógrafos y fotografías.

 

NdelE: En una escena muestran fracciones de una gran ampliación, donde técnicamente se ha producido un «Blow Up»

 

Un poco más sobre esta historia, video sobre Larraín, Cortazar y Blow Up.

 

 

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